Llevar una adecuada alimentación durante todo el embarazo es vital para el correcto desarrollo del bebé.
En verano, debido a las vacaciones y, en general, al cambio de rutina, tendemos a comer peor, no respetando todas las comidas o dejando de ingerir nutrientes básicos. Es normal que tengamos menos apetito, sin embargo no debemos descuidar nuestra alimentación.
Evita las comidas abundantes y pesadas y comienza el día con un buen desayuno. A medio día puedes comer algo más ligero y, por la noche, para evitar la sensación de pesadez recurre al pescado. Es ligero y además aporta muchos nutrientes.
Comer fruta, te mantendrá nutrida e hidratada. Y como las verduras, te dará el aporte de fibra necesario para tu organismo.
La hidratación es fundamental durante todo el embarazo y sobre todo en verano. Para ello puedes beber agua, zumos (mejor si son naturales) y bebidas isotónicas.
Las piernas se hinchan más aún, entre otras cosas por la retención de líquidos. Reduce la ingesta de sodio controlando la sal en las comidas y alimentos.
Si comes ensalada, evita prepararla con ahumados (peligro de anisakis) y presta atención a los aliños y las salsas.
Comiendo vegetales de color verde oscuro o alimentos de color naranja ingerimos vitamina A, buena, no solo para la piel, sino para la salud de los ojos y de otras enfermedades.
La vitamina C, presente en los cítricos, el pimiento rojo y otras frutas y verduras, refuerza nuestras defensas, cuida la piel y ayuda a cicatrizar heridas.
La vitamina E, presente en aceites vegetales o frutos secos, tiene una gran función como antioxidante y se ha asociado a un menor riesgo de asma en los bebés.
El ácido fólico, además de cuidar nuestra función cardiovascular y evitar la anemia, favorece al correcto desarrollo del tubo neural del bebé, disminuyendo el riesgo de que sufra espina bífida.
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