Intolerancia a la lactosa
El azúcar de la leche (lactosa) tal y como se presenta en los productos lácteos, tiene que ser degradado mediante la enzima lactasa para que pueda ser asimilado por el organismo. La intolerancia a la lactosa tiene su origen en la carencia de esta enzima, que puede deberse a causas genéticas (intolerancia a la lactosa primaria, congénita) o como consecuencia de otras enfermedades estomacales-intestinales, p. ej. enfermedad celiaca, morbus Crohn, colitis ulcerosa o aparecer transitoriamente por una infección intestinal (intolerancia a la lactosa secundaria, adquirida).
Es un problema muy extendido y uno de cada 7 niños en Centroeuropa sufre este problema. Si los niños que la padecen ingieren lactosa pueden producirse diarreas, flato, cólicos e incluso infecciones intestinales graves.
Si se conoce la propensión a padecer esta intolerancia, podrán evitarse todos estos problemas con una alimentación sin lactosa.
Los recién nacidos, aunque exista una predisposición genética, en la mayoría de los casos no presentan todavía intolerancia a la lactosa y por lo tanto pueden ser amamantados con toda normalidad. Tras la aparición de los síntomas se debe cambiar a una alimentación pobre en lactosa.
Pese a la intolerancia, la tolerancia se sitúa normalmente en unos 6 – 12 g de lactosa al día. A título comparativo: 1 litro de leche de vaca contiene unos 50 g de lactosa. El límite de tolerancia sin embargo puede llegar a situarse por debajo de 1 g de lactosa al día.